Las cinco dimensiones del valor de un alimento, con un ejemplo cotidiano
Tomemos algo tan común que nadie lo mira: un plato de arroz con frijoles y plátano en una casa de cualquier ciudad colombiana. Voy a recorrerlo con las cinco dimensiones que propone la Economía Ámbar, porque es la manera más rápida que conozco de explicarlas.
Nutricional
Lo primero que pensamos. ¿Qué le aporta ese plato a quien lo come? Energía, proteína vegetal, fibra. Pero también cuenta cuán seguido llega a la mesa, a qué hora, y si alcanza para todos los de la casa. Una dimensión no es solo composición, también es acceso.
Económica
El arroz pasó por varias manos y cada una cobró algo. La pregunta incómoda es cuánto de ese precio le quedó a quien lo cultivó. A veces es muy poco, y ahí hay valor que se pierde sin que el plato se tire.
Social
Quién cocinó, para quién, con qué conversación alrededor. La mesa sostiene relaciones. Cuando una familia trabaja tanto que ya no se sienta a comer junta, algo se debilita aunque la nevera esté llena.
Territorial
De dónde viene cada ingrediente y por dónde se movió. Un plátano cultivado a dos horas de la ciudad y otro que viajó medio país no valen lo mismo para el territorio que los produce, ni dejan lo mismo en él.
Ambiental
Agua, suelo, empaques, residuos. También qué pasa con la cáscara y lo que sobra: si termina en la basura o vuelve a la tierra.
Para qué sirve mirar así
Porque cuando un alimento se pierde, casi nunca se pierde en una sola dimensión. Y porque una decisión que mejora una (bajar un precio, por ejemplo) puede empeorar otra sin que nadie lo note.
Las cinco están desarrolladas en Economía del Impacto Alimentario. Si quieres aplicarlas a un caso concreto de tu organización, escríbeme.