Qué es la Economía Ámbar y por qué empecé a escribir sobre ella
Durante años escuché la misma frase en reuniones de empresas, de gobiernos y de comunidades: «es que no alcanza». No alcanza el presupuesto, no alcanza la comida, no alcanza el tiempo. Yo venía del trabajo social y de oficinas corporativas, y cada vez me costaba más creerlo. Lo que veía era otra cosa: había cosas que sí existían y se iban perdiendo por el camino.
De ahí sale la Economía Ámbar.
Una idea que cabe en una frase
Preservar el valor que ya existe. Un alimento no es solo un producto que se compra y se vende. Detrás hay un cultivo, alguien que lo cosechó, un territorio que lo sostuvo, una cadena que lo movió y una mesa a la que llegó. Cuando ese alimento se pierde, se pierde todo eso junto, aunque la contabilidad solo registre el precio de la caja.
El marco propone mirar ese valor completo en cinco dimensiones: nutricional, económica, social, territorial y ambiental. Lo desarrollé con la PhD. Mónica Colín de Velázquez y lo contamos en el libro Economía del Impacto Alimentario.
Qué cambia cuando se usa
Cambia la pregunta. En vez de «¿cómo producimos más?», aparece «¿cuánto de lo que ya producimos estamos dejando perder, y en qué dimensión?». Una cooperativa puede descubrir que su mayor pérdida no está en los kilos sino en la relación con quienes le compran. Un municipio puede notar que su problema nutricional tiene una raíz territorial: rutas, almacenamiento, distancias.
No es una receta ni pretende serlo. Es un lente para ordenar la conversación antes de gastar el dinero, y para que los números cuenten lo que de verdad está pasando.
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